El conflicto es algo intrínseco a las relaciones humanas y, por tanto, también a las relaciones familiares. Cada vez son más las familias con conflictos que deciden acudir a la mediación en lugar de a los tribunales. El éxito de la mediación radica en que el mediador trabaja no solo los intereses económicos, sino también las emociones.

Se trata de encontrar un equilibrio entre las pérdidas y las ganancias de los “litigantes” ya que a menudo la intervención judicial coloca las etiquetas de ganador y perdedor, lo que provoca resentimientos muchas veces irreconciliables.
En palabras de María Quiero, profesora del Curso de Experto en Mediación UFV y vocal de Mediación Civil y Familiar de la Asociación Madrileña de Mediadores “A través de la mediación familiar todas las partes ganan. No es como en un juicio donde uno gana y el otro pierde”.
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